Sunday, July 24, 2016


Universidad Estatal a Distancia

Sistema de Estudios de Posgrado

Maestría en Tecnología Educativa
Curso: 6216 Metodología para la Redacción de Trabajos de Investigación

Profesor: Jorge Delgado Castillo


Ensayo:
La ética en la academia:
¿un proyecto realizable o un sueño del Quijote?


Jenaro Alberto Díaz-Ducca
Cédula: 1-832-441


26 de junio del 2016

San José, Costa Rica
La ética en la academia:
¿un proyecto realizable o un sueño del Quijote?


Todos los días escuchamos y leemos en los medios de comunicación masiva variedad de opiniones sobre la ética en la función pública: desde políticos y ciudadanos, hasta humoristas, pasando por los escribanos de oficio de los cuestionables periódicos y canales nacionales, de modo que nos empapamos continuamente del discurso sobre la importancia de la probidad y la transparencia. Así como unos las defienden y otros buscan vericuetos legales para cuestionarlas o evadirlas, de igual manera, los editorialistas y periodistas rehenes de sus patronos le echan leña a la hoguera de la corrupción, la impunidad, y sobre todo, la indignación popular, pues es lo más capitalizable de todo el asunto.

Si bien vivimos en “el país más feliz del mundo” de acuerdo a algunas encuestas que no entraremos a discutir, también es claro que desde que los ciudadanos costarricenses tenemos memoria, habitamos un reino donde la corrupción, la impunidad y la raíz de todos los males: la falta de ética, campean a viva voz y nos recuerdan que hay leyes para ricos y leyes para pobres. Aquello que George Orwell definiera en su clásica novela “Animal Farm” como que “todos somos iguales, pero hay algunos más iguales que otros.”

Sin embargo, poco se discute en la tribuna púbica sobre la ética en la academia. Quizá porque algunos consideran la academia como una república independiente, o quizá porque para nuestros medios, las universidades públicas (en vista que las privadas se administran como pequeños feudos) son solo importantes cuando se pueden cuestionar y se pueden azuzar los escandalillos y escandalotes que justifiquen, hoy como todos los días, la privatización de la educación.

Pues bien, en el presente ensayo nos enfocaremos en la ética en la vida académica, en especial en la formación de los futuros profesionales como un proyecto quijotesco pero justo y necesario. Para este efecto, desarrollaremos algunas ideas y ejes centrales tanto de algunas intervenciones nuestras en el foro del curso Metodología para la Redacción de Trabajos de Investigación, impartido por el profesor Jorge Delgado Castillo, como de la literatura recomendada para el curso y otras fuentes. Nuestra intención es analizar someramente algunos temas claves y aristas del asunto en cuestión, así como dar ejemplos de otros autores y de nuestra experiencia que ilustren la gravedad del problema, y la necesidad imperiosa de buscar métodos para fomentar la ética académica, combatir el plagio, e impartir una educación enfocada en los valores morales y la integridad profesional y científica.

En primer lugar, veamos la definición básica de “ética” que da el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: "conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida." (DRAE). Es decir, hablamos de un grupo de valores morales que debemos seguir en las diferentes esferas de nuestra vida tal y como mencionamos más arriba: la pública, la privada, la profesional, etc. Estas normas, como sabemos, se aprenden inicialmente en el hogar y en la escuela con la idea que calen en lo más profundo de los niños para que les sirvan de guía para toda la vida. Más aún, estas normas trascienden el ámbito individual y es así como, para el bienestar y progreso de una sociedad, deben mantenerse más o menos invariables, a riesgo de caer en subjetivismos como los que defienden algunos diputados y precandidatos de nuestro entorno. Esta “inmovilidad” de los valores la menciona Brandt (1982), de modo que se " ha llegado al acuerdo de que determinadas características de un sistema cultural son esenciales para el mantenimiento de la vida y que es inevitable en toda sociedad un sistema de valores que permita y sancione estas formas" (citado por González, 2011). En otras palabras, las modas pueden ir y venir, así como las ideologías (según algunos). Pero respecto a la ética, si bien parece que pudiera cambiar, sus normas y aplicaciones en la vida académica deben predicarse y practicarse. Estos son planteamientos a los que nos referiremos más adelante.



De manera similar, nos dicen Buendía y Berrocal (sf):
En la sociedad «postmoderna» conviven muchos valores pero no vamos a aceptar que todos valen, ni tampoco confundir la pluralidad con la neutralidad valorativa o la falta de criterio sobre lo debe o no debe ser. Hay valores negativos, contrarios a lo que es de desear en una sociedad democrática y éstos hay que denunciarlos como contravalores. El relativismo del todo vale lo sustituimos por sólo vale lo que tiene valor positivo, y en esto la investigación no es una excepción (p.5).

Concluimos que todos los valores que busquen fomentar el conocimiento y democratizarlo, resolver problemas sociales o económicos, disminuir las desigualdades en una sociedad, y aportar al progreso integral de la nación, deben considerarse como valores positivos. Camps (citado por Buendía y Berrocal, sf) lo resume así: “son los valores, para entendernos, derivados de la triada libertad, igualdad y fraternidad, contenidos en los derechos humanos, valores que recogen el fruto de un pensamiento gestado a lo largo de siglos” (p.5).

Para el tema que nos atañe, la ética en la academia se expresa tanto en temas “menudos” como copiar en un examen, como en las implicaciones del plagio en trabajos de investigación. En el caso de la investigación académica, como proceso de aprendizaje y generación de saber, Avila la define como:
una empresa ética y política para el conocimiento y la promoción del ser humano y de un ideal de sociedad donde se le satisfagan plenamente sus derechos humanos y espirituales y materiales todas sus necesidades vitales, individuales y colectivas, sociales, e históricas (citado por por Delgado, 2008, p.9)

Al hablar de una “empresa ética”, entendemos que se trata de un proyecto y un proceso en el cual las normas morales deben respetarse, tanto para la integridad de la investigación y sus resultados, como para garantizar que se le ha dado el debido crédito a las fuentes consultadas, se ha respetado la integridad de los participantes, así como en los alcances de difusión y aplicación del nuevo conocimiento generado. En este sentido, la investigación académica para ser ética, debe velar por el equilibrio moral en el proceso de su preparación, desarrollo y divulgación, de manera que tenga no solo valor académico y científico, sino que moral como obra íntegra, transparente, y comprometida con la solución del problema estudiado y con el mejoramiento de la población que participó y que podría beneficiarse en el futuro.

En otras palabras, el investigador debe demostrar una posición clara tanto política como ética, que pueda leerse entre líneas (si no ha quedado expresa en el texto), porque implica un compromiso moral y social de su trabajo con el entorno. Al respecto, nos dice Delgado (2008):
la investigación educativa no es una actividad neutra sino que lleva una intencionalidad, lo que requiere de la sensibilidad y de la toma de conciencia...para identificar y cuestionar aquellos aspectos que desvirtúan la razón de ser de la realidad práctica de la investigación (p.5).

Para ser más específicos, nos referiremos a cuatro problemas éticos que Buendía y Berrocal (sf) recopilan de la bibliografía sobre la ética y la investigación, pero que para nuestro caso, plantearemos como cuatro sugerencias:

1- Explicarles a quienes participan en una investigación la naturaleza del trabajo y pedirles su permiso antes de incluirlos.

2- Proteger a quienes participan de consecuencias negativas por hacerlo, y protegerlos del daño a su autoestima.

3- Respetar la intimidad de los participantes.

4- Compartir los beneficios con quienes han tomado parte.

Creemos que estos cuatro principios, aplicados en la investigación académica, darán un sustento ético que mantenga el equilibrio moral que mencionamos anteriormente, y que garantice la justicia, la igualdad de condiciones, y el bienestar presente y futuro de toda la gente que incluida en la investigación como tal.

A continuación, nos referiremos al ejemplo más común de fraude ético en la enseñanza secundaria y superior: el plagio.

En el contexto actual postmoderno y capitalista tardío, donde lo que cuenta según el discurso dominante son las ganancias y el éxito con poco esfuerzo y en el menor tiempo posible, desgraciadamente nuestros jóvenes se ven bombardeados en la casa, la escuela y los medios con una doctrina nefasta que avasalla y destruye todos los valores éticos que hemos discutido hasta ahora: el relativismo ético. De esta forma, las normas morales se vuelven flexibles u opcionales. Es decir, se "modifican" o "adaptan" conforme las circunstancias o la etapa de la vida.



En el campo académico, el plagio puede presentarse o bien por ignorancia de las reglas de referencia bibliográfica y citas, o por la “flexibilización” de las normas morales y de conducta, justificadas por el relativismo ético.



El plagio como tal consiste en el acto consciente o inconsciente de secuestrar palabras o ideas ajenas y presentarlas como si fueran propias. Según el Libro Blanco, se puede definir como “más que el 'secuestro' de las palabras de otro... (como) un acto fraudulento que implica el engaño y la usurpación de una obra ajena” (Parte I, p.2).



Según apuntáramos más arriba, este acto, que rompe con las normas morales, pareciera justificarse a veces, en vista de antivalores como la "competitividad", la "eficiencia", la ley del mínimo esfuerzo, y por descuido o ignorancia, por un lado, y por otro, como la falta de educación respecto a la manera correcta de citar y de evitar el conocidísimo "copy-paste" tan en boga.



Refiriéndose a la ética académica y profesional, el investigador Howard Gardner, padre de la teoría de las inteligencias múltiples, afirma en una entrevista reciente que la ética es indispensable para la calidad profesional, por lo que es imposible alcanzar esta sin tener aquella: "lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos" (Amiguet, 2016).



En cuanto a los tipos más comunes de plagio, el Libro Blanco los enumera así:
1- Presentar un trabajo de otro como si fuera propio
2- Copiar ideas sin citar la fuente
3- Copiar una extensión tal del documento original, que aunque mencionándose la fuente, se convierte prácticamente en una reproducción
4- Reciclar un trabajo y entregarlo para dos cursos diferentes
5- No incluir las comillas cuando se cita
6- Dar información falsa sobre el origen del texto
7- Copiar a medias: parafrasear las ideas pero manteniendo la estructura del texto original
8- El plagio en sí: copiar y usar ideas ajenas como si fueran de la propia autoría (pp.3-4).



Como vemos, el plagio tiene muchas facetas y por ignorancia, un estudiante puede caer en la “zona gris” donde se parafrasea, por ejemplo, pero no se cita la fuente, o donde se usa un trabajo propio nuevamente, o donde se cita de forma amplia sin la respectiva elaboración propia.



Si queremos darnos una idea de la magnitud de la frecuencia y los problemas que acarrea el plagio para la vida académica, un estudio llevado a cabo por McCabe determinó que en los EEUU, el 58% de los estudiantes había plagiado durante la educación secundaria, y un 75% durante el posgrado (Libro Blanco, Parte II, p. 3). Como vemos, su uso es casi cotidiano y prácticamente tres de cada cuatro estudiantes con un título de posgrado han caído en el plagio en algún momento. Las cifras son alarmantes, porque o bien indican una profunda ignorancia de los estudiantes y un descuido de la enseñanza en la academia, o quieren decir que los estudiantes saben lo que están haciendo y aun así se exponen al castigo, pues el deseo del éxito y el ascenso los ciega, y manejan el doblepensar de saber que algo es incorrecto y antiético, pero “inevitable”o al menos “preferible” ante las exigencias de su carrera académica y profesional. El propio Gardner, que ha investigado y escrito mucho respecto al tema de la ética académica, nos lo resume de esta forma: "hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito" (Amiguet, 2016).



Ahora bien, ¿cuáles son las implicaciones del plagio? Sumadas a la brecha de la ética y los valores que hemos contemplado anteriormente, el plagio resulta en un empobrecimiento de la experiencia de enseñanza y aprendizaje, un apego a la mediocridad y al simplismo, y una actitud de facilismo y pereza hacia la investigación y la vida académica y profesional. Las sanciones, según las dimensiones, ámbitos y reincidencias, pueden acarrear penas de pérdida del crédito del trabajo, reprobación en un curso, la revocación de un título universitario, el desprestigio y consiguiente destrucción de la reputación y la carrera profesional, o demandas legales que en el caso de los derechos de autor, también contemplan indemnizaciones cuantiosas o la cárcel.



¿Puede evitarse el plagio? Cuando el plagio se da por ignorancia, se puede y se debe evitar y prevenir en los ambientes académicos. Creemos que una educación secundaria y universitaria para las mentes modernas que enfatice y actualice en su enfoque la importancia de la ética, los mecanismos correctos para citar y evitar el secuestro de ideas, así como las normas internacionales respecto a las citas (como el APA), además de las implicaciones legales del plagio, ha de incluir cursos obligatorios de ética para cualquier programa de bachillerato y posgrado universitario. El Libro Blanco, en su primera parte, ofrece mayores detalles respecto a la prevención y sanción del plagio en la investigación universitaria. Los futuros profesionales e investigadores deben tener noción de estos elementos éticos y académicos de manera comparable a la adquisición y desaroolo de las destrezas con las TICs, o al uso instrumental del inglés que hoy día el mercado laboral les exige.



Para concluir este breve ejercicio de análisis, vertiremos aquí algunas de las preguntas y reflexiones de cosecha propia que hemos compartido con nuestros compañeros del curso a través de los foros. Lo primero, creemos, es el fomento de la ética desde la más tierna edad. Desgraciadamente, en nuestra época posmoderna la ética está ausente en muchos hogares, ausente en la escuela, y no solo ausente sino que escarnecida en los medios de comunicación, los principales tres ámbitos de formación de nuestros jóvenes. Como padres, maestros, ciudadanos, ¿qué podemos hacer? ¿Será factible el control ciudadano y estatal mediante nuevas leyes que democraticen la educación en valores y corrijan los ejemplos públicos y mediáticos del vicio y la mediocridad?



En el ámbito escolar el principal escollo se encuentra en el currículo oculto, pues los niños y jóvenes aprenden que si bien copiar en un examen es incorrecto moralmente, el esfuerzo de estudiar es un lujo o capricho de algunos cuantos, y así, hacer trampa estará bien mientras no lo agarren a uno: puedo copiar en el examen, copi-pegar en el trabajo escrito, o falsificar la firma de mis padres si con eso me evito fatigas y problemas. Pero este mal moral no viene de abajo hacia arriba, sino de la punta de la pirámide social hacia abajo, pues ¿qué peor ejemplo para las nuevas generaciones que el de la impunidad que vemos todos los días con los políticos que han mentido, robado, huído del país, fingido amnesia y que luego se vuelven a postular para cargos públicos? ¿No es esta, entonces, la antimoraleja que le estamos inculcando a nuestros hijos, que la corrupción y la impunidad son válidas en la vida? Si bien la corrupción es casi ubicua en el mundo, los umbrales de tolerancia judicial y social parece que sí varían y se acompasan en el baile del relativismo ético. Hasta que ataquemos al mal en su expresión más obscena, es decir en la impunidad, es cuando transitaremos por el camino justo para desarraigar la corrupción nuestra de cada día.



El tema es complejo, y en nuestra realidad latinoamericana, tiene una tradición muy larga y profunda: el capitalismo, y el particular la historia de Latinoamérica se basan en el crimen y la impunidad, repetidas infernales millones de veces. Desde la mal llamada Conquista, cuando se dio el saqueo y destrucción de las culturas e imperios de nuestros abuelos, y hasta el día de hoy, lo que podemos leer en los libros de historia y literatura es un pavoroso registro de atrocidades, dolor y crimen sin castigo. ¿Podremos, como padres, educadores y ciudadanos, aventurarnos a cambiar una cultura que tiene 500 años de definirnos como el producto mestizo del mal y la impunidad? ¿Tendríamos que dejar de ser latinoamericanos como tales para librarnos de la corrupción y la impunidad, algo así como lo que predicaran Rodó, Ingenieros o el Che Guevara?

Como educadores, en nuestro caso personal, creemos que la ética en la academia es deseable, necesaria y posible, y nos corresponde a nosotros bregar por ella todos los días mediante la educación respecto al plagio, el trabajo sincero y honesto en el aula física o virtual, y el ejemplo como profesionales e investigadores. Si hablamos de nuestra dimensión como nación, solo mediante un esfuerzo coordinado de la ciudadanía (padres, maestros, comunidades) y el Estado como autoridad, llegaremos a retomar nuestro rumbo nacional centrado en los valores morales y patrios, y no en los antivalores del relativismo ético actual.



Nos planteamos entonces una tarea quijotesca por “desfazer entuertos” y lograr que brillen la verdad y la virtud, pero si ni el Quijote en su locura perdió la fe en la ética y su hija la justicia, ¿habremos de perderla nosotros, que nos consideramos medianamente cuerdos y que tenemos a los futuros profesionales en nuestras aulas, y al conocmiento del mundo al alcance de nuestros dedos, para recibir información, enviarla, o para citarla según corresponda? Quizá ocupemos estar un poquito locos como él para ver los molinos como gigantes y a los males de la corrupción y la impunidad como los verdaderos monstruos que son. La lucha por la ética académica y nacional es justa, y por lo tanto, necesaria e impostergable.

Fuentes citadas:


Amiguet, L. (2016). Una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional. La Vanguardia, 11/04/16. Recuperado de:http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160411/401021583313/una-mala-persona-no-llega-nunca-a-ser-buen-profesional.html
Buendía, L., Berrocal, E. (sf). La Ética de la Investigación Educativa. Recuperado de:http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/6606/Etica_de_la_investigacion_educativa.pdf?sequence=2

Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. 23a. edición. Recuperado de: http://dle.rae.es/?id=H3y8Ijj|H3yay0R

González, M. (2011). Relativismo ético. Recuperado de: http://ser-verdad-libertad.blogspot.com/2011/05/relativismo-etico.html

Libro Blanco (s. f.). Parte I: Integridad Académica en un mundo digital. Definición de Plagio. Recuperado de: http://recdidacticos.uned.ac.cr/pal/images/stories/Documentos_PAL/RecursosTurnitin/Part1_DefiningPlagiarism_Spanish.pdf

Libro Blanco. (s. f.). Parte II: Integridad Académica en un mundo digital. Indice global de plagio en la educación secundaria y superior. Recuperado de:
http://recdidacticos.uned.ac.cr/pal/images/stories/Documentos_PAL/RecursosTurnitin/Part3_WhyStudentsPlagiarise_Spanish.pdf




¡Hola!

Me llamo Jenaro A. Díaz-Ducca.  Soy profesor, productor e investigador, y en este momento me encuentro cursando la Maestría en Tecnología Educativa en la Universidad Estatal a Distancia.

Para el curso de Metodología para la Redacción de Trabajos de Investigación, he creado un blog donde compartiré los principales materiales que escriba durante el curso, incluyendo los avances del proyecto de investigación final.

Pueden saber más sobre mí en www.EnglishforYouCR.com


¡Nos leemos pronto!

J.